11- ANGELES EN EL CAMINO 2: KEVIN

February 26, 2018

Kevin fue el segundo Angel en nuestro camino. Y sin duda el que más nos marcó.

 

 

Hace quince días que estábamos en California. Hace 5 nos habíamos mudado al bus, y hace 2 habíamos pasado el día con Margarita, Cris y Robert haciendo arreglos. Estábamos en pleno periodo de "mudanza". Decorando el interior del bus, comprando todos los utensilios de cocina, pensando como instalar la ducha, preguntándonos cómo haríamos para pintarlo (rojo con rayas amarillas no nos gustaba para el color de nuestra casa)  ya que no teníamos un lugar físico donde hacerlo y en California no conocíamos a nadie para que nos preste un espacio (más que a Margarita y Cris, de los que no queríamos abusar) y no podíamos ponernos a pintar semejante monstruo en el estacionamiento de un Walmart. Tampoco contábamos con la energía eléctrica para usar las herramientas que se necesitaban para tal empresa.

 

Eran aproximadamente las 11 de la mañana y nos dirigíamos a "Home Depot" (donde ese mes pasábamos la mayor parte de nuestro tiempo) a comprar más materiales, cuando de repente se nos paró el bus. Raro. Marcos lo volvió a prender y arrancó. Nos miramos aliviados. Seguimos manejando y a los dos minutos empezamos a sentir un fuerte olor a quemado. Frenamos el bus a un costado y nos dimos cuenta que salía humo por debajo del mismo. No podíamos descifrar exactamente de dónde, pero salía y mucho. No nos animábamos a seguir manejándolo por miedo a que sea algo importante que luego no tenga remedio. Asique comenzamos a llamar grúas, una tarea nada fácil ya que no cualquier empresa acarrea un bus de estas características y tamaño.

 

 

Después de un buen rato conseguimos una. Mientras la esperábamos aprovechamos para seguir armando nuestra casa. Pero en nuestro interior no parábamos de pensar "¿qué pasa si el bus vino completamente roto y no tiene arreglo?" después de todo, solo habíamos abierto el capote y echado un vistazo. Luego habíamos salido a dar una vuelta para "probar" el motor, y con nuestros escasos conocimientos en mecánica habíamos determinado que estaba en buenas condiciones.

 

Yo no paraba de preguntarme si esta vez mi intuición habría fallado. Hacía fuerza para que no fuera así. Los dos nos acordábamos de unos amigos nuestros que en Australia compraron una van, y al tiempo se les fundió, obligándolos a comprar otra para seguir la travesía. Ambos sabíamos que en caso de que algo así nos pasara, no podríamos comprar otra, y ninguno de los dos soportaba la idea de que nuestra aventura haya finalizado antes siquiera de arrancar. Por supuesto como siempre hacemos, tratábamos de pensar en positivo y sofocar nuestros malos pensamientos.

 

Finalmente, después de lo que pareció una eternidad llegó la grúa. En ese tiempo esperándola, Marcos había estado buscando posibles talleres donde llevarlo, y había encontrado uno que quedaba relativamente cerca y tenía muy buenas críticas en “Yelp”. Hacia allí nos dirigimos.

 

Llegamos al taller a las 5 de la tarde, y nos dijeron que no lo iban a poder revisar hasta el día siguiente. Uno de los empleados nos preguntó si teníamos algún sitio donde dormir si el bus se quedaba allí. Le contestamos que no, que el bus era nuestra casa y que tendríamos que buscarnos un hotel. Al rato nos trajo las llaves de una van y nos dijo que nos la prestaban para pasar la noche. Muy agradecidos pasamos el colchón a la van y nos despedimos.

 

A la mañana siguiente, recibimos un llamado de Kevin, el dueño del taller, que le preguntó a Marcos para qué íbamos a usar el bus. Con miedo, y pensando que Kevin nos iba a decir que estábamos locos y que ese bus no llegaba ni a la esquina, Marcos le contó nuestros planes de manejar con él hasta Argentina. La respuesta le fascinó, y nos ofreció ir a adelantar algo de trabajo al taller mientras ellos revisaban el bus. Cuando llegamos nos encontramos con un hombre de unos cincuentipico de años, con una sonrisa enorme que se presentó como Kevin y que nos guió hacia el bus. Antes nos mostró un freezer lleno de helados y nos dijo "lo que quieran lo agarran", luego una heladera llena de bebidas y gaseosas y nos dijo "esta heladera es de ustedes" y para concluir nos compartió unos pochoclos de una máquina que tiene instalada en el centro del taller. Aquí me quiero detener un segundo para describir el taller, ya que apuesto a que nadie nunca vio uno parecido.

 

Es grande y espacioso; el techo está lleno de luces de colores y en el centro, colgando, hay una enorme bola de espejos de las que se pueden ver en algunos casamientos. De algunas vigas cuelgan esqueletos de plástico (de esos que se pueden encontrar en el consultorio de algún médico) y posters con fotos de sus empleados (al estilo jugador de futbol). Tiene también una máquina que cada tanto tira burbujas, y otra que despide humo. La música está siempre sonando a todo volumen, y los empleados siempre de buen humor. Como dije antes, un taller único.

 

 

Ese día lo pasamos allí, y Kevin puso a nuestra disposición escaleras, herramientas y un gran ventilador. Aprovechamos los enchufes del taller para utilizar la pistola de calor con la que sacaríamos todas las líneas amarillas de la chapa y las ventanas del bus, para poder pintarlo. De tanto en tanto Kevin venía a preguntarnos si necesitábamos algo y a conversar. Le contamos un poco más de nosotros, que estábamos recién casados y por lo tanto esta era, en teoría, nuestra luna de miel; que el plan era viajar por aproximadamente un año y otras cosas más. El por su lado nos contó que el bus tenía la transmisión completamente quemada y desconectada de la computadora, y que por ese motivo había que cambiarla, lo que costaría mucho dinero. Le preguntamos si podíamos seguir manejando así y nos dijo que si pero que no podía asegurarnos que pasemos de México.

 

 

Asique lo charlamos un rato y decidimos arreglarla para quedarnos tranquilos. Kevin por su parte nos dijo que en lo que tardaran en arreglarnos la transmisión, nosotros podíamos entrar y salir del taller cuando quisiéramos, y que conservemos la van que nos habían prestado, hasta que el bus este arreglado.

 

Al día siguiente llegamos al taller, saludamos con la mano a Kevin que se encontraba atendiendo a un cliente, y nos fuimos para la parte de atrás donde estaba nuestro bus.

 

Cuando pasé por la puerta, tardé un poco en asimilar lo que estaba viendo. Sobre la mesa había preparada una "comida románica": mantel rojo, servilletas de tela, copas, un vino blanco, bowls de madera, vasos rojos con corazones y luces, chocolates, caramelos, galletitas y otras cosas más. Lo llamé a Marcos que se había quedado afuera haciendo unas cosas, y ninguno lo podía creer ¡Kevin nos había preparado una mesa romántica por nuestra luna de miel! Automáticamente fuimos a agradecerle y él se reía divertido con su idea. Nosotros no podíamos creer el lindísimo gesto que ese desconocido había tenido para con nosotros.

 

 

 

Pasamos el resto del día trabajando en el bus, sacando las líneas amarillas de la chapa y las ventanas, confeccionando las fundas para los almohadones de los sillones etc. Le preguntamos a Kevin si nos dejaba usar la parte de atrás del taller para pintar el bus y por supuesto nos dijo que sí.

 

Al tercer día nos presentamos en el taller con papel de lija y pintura. Nos pasamos el día entero lijando el bus a mano y lavándolo. Unas horas antes de irnos comenzamos a pintar con rodillo las primeras capas. Kevin se reía ya que le parecía una locura que pintemos el bus a mano, y decía que lo estábamos pintando de "Tiffany Blue" (Azul Tiffany, como la famosísima joyería "Tiffany")

Esa tarde antes de cerrar el taller, Kevin nos anunció que esa noche dormiríamos en su casa. Era sábado y el y su mujer Carol tenían una comida, pero nosotros podríamos bañarnos (la verdad es que nos hacía falta una ducha ya que estábamos roñosos y con pintura de los pies a la cabeza) pedir una pizza, usar el jacuzzi de la pileta (que él prendió con su teléfono desde el taller para que cuando lleguemos esté calentito) y descansar en el cuarto de alguno de sus tres hijos que ya no vivían más allí. Aceptamos muy agradecidos.

 

 

Esa noche conocimos a Carol, y luego de charlar un rato con ellos y de que se despidieran para asistir a su comida, nos metimos en el jacuzzi bajo las estrellas. Luego comimos pizza, vimos una película y nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente había dos cafés de Starbucks esperándonos en la mesada de la cocina. Los tomamos y volvimos al taller a seguir pintando.

 

 

Esos días la rutina se repetía: Nos despertabamos a la mañana y siempre había café o donuts esperándonos, luego íbamos al taller a seguir pintando, y cuando volvíamos a la casa comíamos con Kevin y su mujer y disfrutábamos de las malacrianzas de esas dos personas a las que rápidamente comenzábamos a querer.

 

 

Una semana después de llegar al taller de Kevin, casi habíamos terminado de pintar el bus, y a la transmisión solo le faltaban unas piezas. Nosotros teníamos planeado encontrarnos con los padres de Marcos que justo viajaban a San Francisco por trabajo, y nuestra idea era subir con el bus de un tirón (desde Los Ángeles a San Francisco), pasar una semana con ellos, y luego arrancar a bajar por la costa pacífica. Pero el bus todavía no estaba listo asique comenzamos a pensar alternativas para llegar hasta allá sin él. Kevin no quiso saber nada con ninguna de ellas. Prácticamente nos obligó a llevarnos la van que nos había prestado el primer día y que nos había dejado para manejarnos a lo largo de esa semana,  y nos dijo que a la vuelta ya tendríamos el bus listo para arrancar.

 

 

Un rato antes de salir nos dio otras llaves y nos dijo "Llévense esta que está en mejor estado" y señaló otra van. Cambiamos el colchón de baúl una vez más y nos despedimos con un abrazo enorme. Mientras lo hacíamos, Kevin nos contó que con sus empleados habían bautizado al bus con el nombre de "Tiffany" ya que entre ellos se referían a él de esa manera. Con Marcos nos miramos y nos reímos. Hace días veníamos pensando posibles nombres para nuestro compañero de aventuras, y luego de barajar varias opciones, habíamos decidido que el mismo viaje se encargaría de bautizarlo. Nunca pensamos que lo haría tan rápido y con el nombre de Tiffany jaja pero así fue. Cuando arrancamos el auto nos dimos cuenta que Kevin nos lo había dejado con el tanque lleno de nafta.

 

Pasamos una semana increíble con los padres de Marcos recorriendo San Francisco y sus alrededores y cuando volvíamos a Los Ángeles a devolverle la van a Kevin y buscar el bus, nos pasó algo insólito: Nos chocaron en un estacionamiento. ¡Si si, lo que leyeron, nos chocaron la van del bendito Kevin y nosotros nos queríamos matar!! Obviamente automáticamente llamamos a Kevin y le contamos lo sucedido y lo primero que nos dijo fue "Si ustedes están bien el auto no me importa".

 

Cuando volvimos nos dio un fuerte abrazo, nos volvió a invitar a dormir a su casa, y al día siguiente mientras almorzábamos en la esquina del taller nos mandó una foto del bollo que nos habían hecho, ya reparado, y con una curita sobre la chapa. Ese es Kevin.

 

 

Estuvimos tres meses dando vueltas por Estados Unidos, pero entre un destino y otro siempre volvíamos a lo de Kevin. El por su parte seguía malcriándonos y presentándonos a sus familiares y amigos. Nosotros tratábamos de devolverle al menos una mínima porción de todo lo que él hacía por nosotros, cocinándole nuestras comidas típicas (empanadas, milanesas con pure etc) y regalándole dulce de leche y alfajores.

 

Una tarde, despues de un mes de estar recorriendo la costa oeste, volvimos a lo de Kevin, y él nos dijo que tenía una sorpresa para nosotros. Se levantó y volvió con una cajita de "Tiffany" la joyería. Me la dio con una sonrisa enorme. Cuando abrí la caja ninguno de los dos podía creer lo que veía: ¡Sobre un colchoncito blanco, había un bus chiquito color "Tiffany" con una cadenita de plata!

 

 

Emocionados lo miramos a Kevin sin poder creerlo, él nos miraba con una sonrisa de oreja a oreja. Nos contó que había ido a Tiffany (la joyería), y le había dicho a la vendedora: "Se que suena loco pero necesito un bus de color Tiffany!" La chica le dijo que casualmente tenían uno, que no lo tenían en aquel local, pero que podrían hacerlo traer desde New York para él. Junto con el collar, había una cartita escrita a mano que decía "Los amaremos por siempre, nos agradarán toda la vida, mientras estemos vivos, nuestros amigos serán".

 

¡Gracias Kevin!!! ¡Sin duda alguna te amaremos por siempre y te estaremos eternamente agradecidos!

 

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